Reseña de "El retrato de Dorian Gray", de Oscar Wilde

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  • Autor: Oscar Wilde

Qué difícil es reseñar un clásico de esta envergadura, y más cuando trata dilemas éticos que nos atañen a todos, en mayor o menor medida. Porque más allá de la idea de que esta novela versa sobre hedonismo, sobre la superficialidad que rodeaba algunos círculos de la sociedad victoriana londinense, donde la belleza y la buena apariencia física eran imprescindibles para encajar, yo veo una cuestión aún más llamativa y desconcertante…

La pregunta de si la maldad es innata en el ser humano o si, empero, mente y personalidad son una tabula rasa en la que las experiencias y traumas de la vida van moldeándola hasta, en algunos casos, decantarla por la crueldad, es representada en esta novela a través del personaje de Dorian Gray. Un joven culto, atractivo y tan aparentemente inocente que es retratado por el autor como un ser ingenuo; tanto, que en un primer momento no es siquiera consciente de su encanto, de su poder de seducción, no es capaz de discernir bien y mal, ni lo que está socialmente aceptado de lo que no.

Hasta que aparece en escena Lord Henry; personaje elocuente, mordaz, llegando a desgastarnos de pura inmoralidad e irreverencia (para mi gusto, el mejor personaje de toda la obra, sin duda). Este señor vierte en Dorian todas sus frustraciones, lo manipula, lo corrompe, le hace ver que nada en la vida tiene sentido sin belleza, atractivo, juventud, poder, control… y Dorian, bien porque es un ser manipulable, o bien porque su interior ya era oscuro y solo necesitaba un aliciente para dejarse llevar (aquí el dilema), se convierte en el ser que tanto desea e incentiva Lord Henry: un ser infame, perverso, grosero, vil y, por desgracia, asesino.

Lo que más me fascina de la obra es cómo se representa la decadencia de Dorian Gray en el cuadro. La metáfora cuadro-alma me encanta, lo reconozco. El tenerlo oculto en el desván, para que nadie más pueda contemplar su verdadera naturaleza es asombroso y a la vez terrorífico, ya que sabemos que, aplicándolo a nuestra realidad, vivimos rodeados de monstruos con caras dulces y gestos respetables…