Reseña de "El talento de Mr. Ripley", de Patricia Highsmith

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  • Autor: Patricia Highsmith
  • Puntuación: 3,5/5 ⭐️

Supongo que tener las expectativas muy altas sobre una novela puede hacer que después de leerla no nos resulte ni la mitad de interesante de lo que esperábamos, ¿verdad? Pues esto, más o menos, es lo que me ha sucedido con El talento de Mr. Ripley. Que los dioses me libren de insinuar con esto que es un mala novela, todo lo contrario; pero alguien como yo, que aún no la había leído, ni visto la película, sí que puede hacerse una idea totalmente equivocada de ella.

No creo que sea necesario entrar en la trama de la misma, así que os dejo mis impresiones, especialmente, de los personajes principales:

El comienzo de la novela me pareció bastante tedioso, muy lento, con una trama poco definida, no era capaz de entrever hacia dónde se dirigía, por lo que no llegaba a engancharme, y la sensación aumentaba con la personalidad de los protagonistas: sosos y mojigatos. Tuve que leer, exactamente, 118 páginas para que empezara a absorberme, justo en el momento en el que el protagonista principal, Tom, empieza a fraguar la maquiavélica idea de hacerse pasar por su recién mejor amigo, Dickie Greenleaf, gracias al increíble parecido físico entre ambos.

Es justo en ese preciso instante, en el que Tom toma la crucial decisión de asesinar a Dickie para conseguir todos sus privilegios de “niño rico”, cuando se produce una inflexión en su vida. Se desvelará, por fin, su verdadera personalidad, su verdadero yo interior, y veremos al ser sociópata que tuvo que reprimirse durante años. Con esta revelación pasará de ser un joven tímido y miedoso, al que le mareaban hasta perder el conocimiento las situaciones estresantes, a un hombre con una seguridad arrolladora, capaz de asesinar con toda la frialdad posible y, yo diría, disfrutando del control que ejerce sobre los que le rodean. Estamos ante un ser intelectualmente superior al resto que, cuando empieza a ser consciente de ello, lo utilizará en su beneficio.

Cambiará, no sólo mental y psicológicamente, sino físicamente: caminará más erguido, con un paso más seguro, y será más elocuente en sus palabras y sus gestos. Imitando, o más bien, haciendo suya la personalidad de Dickie, se sentirá seguro, por lo que no la abandonará aunque tenga que repetir sus tropelías. Como bien dice: “Odiaba tener que convertirse en un Don Nadie”.

Con la mutación del protagonista la trama coge fuerza. Tom se sumerge en un mundo de mentiras concatenadas y, a pesar de que su farsa se ve abocada al fracaso, es capaz de solventar los obstáculos con una mezcla de buena suerte, tranquilidad enfermiza, carisma y altas dosis de manipulación.

Salvando a Ripley, por supuesto, el resto de personajes me han decepcionado, me han parecido simples, planos e, incluso, ñoños. Ninguno de ellos destaca en absoluto, ni el mismísimo Dickie, un niño bueno que quiere rebelarse contra sus padres…

Por último, subrayo de la novela la ambigüedad sexual que la escritora le asignó a Tom. En ningún momento somos conscientes de los sentimientos de este por Dickie, si hay algo más que una amistad por parte del primero y si ello, y no las ganas de dinero fácil, fue lo que le llevó a asesinarlo.