Reseña de "Diario de un hombre superfluo", de Iván Turguénev

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  • Autor: Iván Turguénev
  • Puntuación: 4/5 ⭐️

Sin duda alguna, lo que más tememos los humanos es la hora de nuestra muerte, lo que perderemos cuando ese irremediable momento llegue, de lo que nos arrepentiremos en los preliminares de la misma, de lo que hicimos o dejamos de hacer… Sin embargo, ese terror, esa incertidumbre a lo desconocido, se verá apaciguada si nuestra existencia, nuestra propia vida, es considerada por nosotros mismos algo innecesario y superfluo… ¿para qué vivir si no aporto nada relevante al resto de la humanidad?

Este es el caso de nuestro protagonista. Un hombre que a las puertas de la muerte no puede dejar de pensar en que, tal vez, sea esto mismo, morir, lo mejor que puede sucederle. No quiere continuar “molestando” a nadie con su presencia, sus formas de proceder e, incluso, con su mismísimo nombre, Chulkaturin, el cual considera demasiado cómico y falto de empaque para ser tomado en serio.

En realidad, y a mi entender, Chulkuturin no sería un hombre superfluo, como él mismo intenta definirse a lo largo de esta novela, sino un señor con una inseguridad tan exacerbada y una autoestima hundida por unos progenitores poco afectuosos, que sin pretenderlo harán de sus comportamientos los más incómodos e indecorosos para la férrea sociedad rusa. Esa excesiva necesidad por encajar entre sus semejantes le jugará malas pasadas al comportarse de una forma sumamente teatralizada, poco natural. Sobre todo, a la hora de enamorar a la joven Yelizabeta. Su forma de actuar ante ella, temerosa, contradictoria e incoherente, solo conseguirán alejarla de él. Pero, debido a esas inseguridades, no podrá olvidar el asunto: insistirá en dejarse ver día y noche en la casa familiar de su amada, pretenderá interponerse entre ella y su futuro prometido, imaginando (porque todo es fruto de su inconsciente imaginación) un amor correspondido que, sin embargo, hace mucho dejó de existir.

Este ser sensible e inteligente (quizá demasiado para la sociedad y la época en la que nació) vivirá atormentado los pocos años de su existencia, y plasmará de forma epistolar, como cartas sin un destinatario, su recuerdo más traumático y humillante, el amor no correspondido, durante los últimos días de su vida, casi postrado en su cama, dejándose atender por su abnegada pero cansada ama de llaves.

Podríamos suponer que se trataría de una especie de legado de sus sentimientos, una especie de desahogo por los errores cometidos en el pasado que, juzgados con la mirada puesta en la muerte, parecen, ahora sí, realmente superfluos.