Reseña de "Las cosas que perdimos en el fuego", de Mariana Enriquez

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  • Autor: Mariana Enriquez
  • Puntuación: 4,5/5 ⭐️

Doce relatos componen este libro, todo y nada en común entre ellos, localizados en Argentina, historias de terrores reales e imaginarios insertados en la cotidianidad de sus vecinos, pobres y bien posicionados, que calan muy dentro de ti, haciendo que mires asqueado hacia otro lugar, apartando la vista de la lectura, pero que son imposibles de abandonar.

Casi todos protagonizados por mujeres, trastornadas o a las puertas de la locura por los acontecimientos que, irremediablemente, cambiarán sus vidas, desdichadas, maltratadas, insatisfechas o acosadas. Y sin olvidar a los niños, que no aparecen en todos, ni cuando lo hacen son protagonistas, pero sí son víctimas, medios, delincuentes, asesinos, ilusiones espeluznantes… y yo me pregunto y os pregunto a todos, ¿por qué?, porque, ¿qué hay más terrorífico que contemplar el sufrimiento de un niño, su indefensión, su miedo irracional a lo desconocido? ¿Y qué hay más inabarcable que la imaginación infantil, esa imaginación que puede modificar la realidad vivida y perdurar en el tiempo convirtiendo esa tergiversación en trauma?

Mariana juega muy bien en esos dos terrenos y crea un entorno absolutamente perturbador. Relata a la perfección cómo la sociedad, el ambiente, la falta de comprensión, el miedo irracional a la soledad, la falta de apego o el abandono, alteran tanto los pensamientos y el “alma” que hacen pensar y llevar a cabo actos que no están (o permanecían ocultos) en la naturaleza humana.

Por último, en cuanto a los relatos en conjunto, destaco esos finales inacabados y abiertos, que rumiarás durante horas, y que pretenden que tu imaginación, ya sea más piadosa o morbosa, acabe redactando una posible salida o la conclusión más escabrosa.

Tres son los relatos que más me han removido por dentro y son los siguientes:

“Pablo clavó un clavito”: Sublime, mi favorito. En él se conjugan los dos elementos que más me fascinan de la literatura de terror: asesinos en serie sin remordimientos y cuyos actos no tienen ninguna justificación, y el trastorno que produce la obsesión con un tema, en este caso concreto, con los asesinatos cometidos por el Petiso Orejudo, hasta llegar a producirle alucinaciones e identificarse con él, atisbando una única salida a su triste vida…

“Fin de curso”: otro de los relatos que comienzan siendo únicamente desagradables y escabrosos, pero que te deja con más preguntas que respuestas. Yo os lanzo la pregunta que aún me carcome: ¿la locura es contagiosa…?

Y, por supuesto, “El patio del vecino”: increíble. ¿Es todo producto de su imaginación, de sus remordimientos o es una realidad casi imposible lo que sucede en esa casa ubicada en un barrio de bien y tranquilo? El final es sorprendente, igualmente abierto, que me recordaba constantemente a alguno de los espeluznantes relatos de Stephen King.