Reseña de "Las penas del joven Werther", de Johann Wolfgang von Goethe

Imagen de Reseña de "Las penas del joven Werther", de Johann Wolfgang von Goethe
  • Autor: Johann Wolfgang von Goethe

Ser considerada una de las obras más influyentes de la literatura universal no facilita en absoluto la reseña. Demasiada presión para una advenediza en la lectura de estas grandes novelas. Quisiera compartir con vosotros unas cuantas impresiones y frases que ponen de manifiesto y resaltan la metamorfosis sentimental y emocional que sufrió el joven Werther a lo largo de su autoimpuesto exilio, cuando conoce, en un avatar del destino, a la bella e inteligente Lotte, de la cual se enamora perdidamente, aún sabiendo que ya se encuentra prometida. Este amor prohibido hará que se desvirtúe su realidad y, con ello, recorrerá todos los estados emocionales posibles hasta llegar a tomar la más radical de las decisiones: suicidarse al no ser correspondido por ese amor imposible.

Conoceremos a Werther nada más llegar a su nuevo hogar, alejado de la gran ciudad. Un joven encantador, amante de la literatura, apasionado con la vida y lo que le rodea, siempre abanderando el lema que le acompañará en la primera parte de la novela “El mal humor es un vicio”, siendo tan positivo que nos dejará frases tan elocuentes como: “Si tuviéramos siempre un corazón abierto para disfrutar de lo bueno…, tendríamos la fuerza suficiente para soportar lo malo cuando llega.”

El destino cruzará en su camino a la joven Lotte, que lo enamorará desde la primera conversación en carruaje. La pasión y felicidad que embargan al joven Werther al haberla conocido y compartir sus días como un buen amigo, no se verán empañadas ni conociendo de antemano que la joven ya está comprometida. No quiere ser consciente de ese inevitable desenlace, por lo que se engañará a sí mismo con la posibilidad de hacerla su esposa, una realidad que nunca sucederá.

Inevitablemente, Albert, el prometido de Lotte, regresa al pequeño pueblo y su llegada supondrá el principio del fin de la cordura del joven Werther. El primer estado emocional por el que atraviesa es ese que te nubla los sentidos cuando estás completa y ciegamente enamorado. Werther es incapaz de comprender que la idea de una vida junto a Lotte es imposible. Siente la necesidad de estar junto a la pareja, agradarles a ambos, incluso idolatrar y alabar al prometido en un acto de autoengaño: “Ciertamente, Albert es la mejor persona del mundo”.

Pasan los días y su obsesión por ella no mermará, pero sí comenzará a ser consciente de que ese amor prohibido le hace daño, tanto que decide emprender una nueva aventura alejándose de la pareja. Este ocioso personaje que aborrecía y tildaba de necios a aquellos que trabajaban para un tercero, decide aceptar un puesto en la embajada de la ciudad de Weimar y su explicación no puede ser más descorazonadora… En un arrebato de sinceridad con su amigo, en una de las cartas le confesará que envidia a la gente ocupada, llegando a anhelar la vida de un simple jornalero, solo por “… tener una perspectiva del día que me espera al despertarme por la mañana, algo que me impulse, me de esperanza”, algo que le mantenga la cabeza ocupada, que le haga olvidar por unos momentos a Lotte y que le impida visitarla fielmente todos los días, cosa que llevaba haciendo desde que la conoció aún a sabiendas de que volvería a su casa destrozado por el amor no correspondido y por la felicidad de la pareja.

La estancia en Weimar se le hace insoportable y la distancia con su amada imposible de sobrellevar, por lo que decide regresar al pequeño pueblo. Y este hecho marcará definitivamente el punto de inflexión en el que Werther pasa de un amor obsesivo pero inocente a desatar las pasiones más desenfrenadas. Como una veleta, sus emociones van tornando en cuestión de segundos, y en cartas de días consecutivos vemos como pasa de la desesperación (“¡No tendría que encender mi imaginación con tales imágenes de inocencia y felicidad celestial!”), a la esperanza (“¡Ella sabe que la quiero!”), incluso, siente ira por la injusta situación que él cree atravesar (“¡No comprendo como puede anhelarla otro…!”), llegando a confesarle a su fiel amigo sus más oscuros deseos (“¿Qué sucedería si Albert muriera?… Sí, ella sería…”).

Hasta que encuentra la solución que, aunque justificada como un acto de liberación de su conciencia y de bondad hacia la pareja que por fin podrá vivir sin su entrometimiento constante, a mi entender es el mayor arrebato de egoísmo jamás visto, un último intento por dañar al matrimonio que poco a poco lo ha ido apartando de sus vidas, debido a sus descontrolados e indecorosos comportamientos para con Lotte. Pues sí, decide quitarse la vida, y no lo hace de manera íntima y silenciosa, sino que desea fervientemente dejar una huella indeleble en el matrimonio, convirtiéndolos en parte en responsables de su prematura muerte. Y, en un alarde de lo que considero pura maldad, le solicita el arma con la que se quitará la vida al mismísimo Albert…

Ya veis que esta novela en formato epistolar cumple el propósito de remover conciencias, de hacernos ver que los celos desgarradores y el egoísmo más exacerbado pueden llevarnos a conocer lugares recónditos y oscuros de nuestra mente, e incluso modificar nuestros pensamientos y personalidad. Sin duda es una obra de obligada lectura, por ello y porque fue una novela que agitó a la sociedad de la época, en especial a las mentes jóvenes e inmaduras de los enamorados que siguieron, o consideraron seguir, el ejemplo del triste joven Werther.