Reseña de "El festín de Babette", de Isak Dinesen

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  • Autor: Isak Dinesen

Esta pequeña pero emocionante novelita nos provoca sonrisas y también alguna que otra lágrima a través de una narración que se podría asemejar a un cuento de los típicos “érase una vez”.

En un aislado pueblo noruego, habitado por una estricta y recta comunidad de creyentes, el pastor de la iglesia luterana mantiene unidos a sus habitantes a través de buenas acciones y transmitiendo el ejemplar comportamiento de sus dos hijas, Martine y Philippa. Al llegar el desgraciado día de la muerte del querido pastor, los sentimientos de unión se intensifican gracias a la labor solidaria que sus hijas continúan ejerciendo en la comunidad.

Inculcadas en la austeridad pero también en la misericordia, se ven incapaces de rechazar la petición de acogida de una extraña mujer, Babette, que aparecerá en su puerta solicitando trabajo a cambio de refugio. Esta misteriosa dama levanta ciertas suspicacias entre los habitantes del pequeño pueblo que, acostumbrados a la más absoluta tranquilidad, no terminan de aceptar el turbio pasado que la acompaña. Sin embargo, gracias al comportamiento ejemplar de la misma a través de los años y la sencillez de su personalidad, termina ganando el respeto y afecto de la comunidad. Este respeto no hará más que aumentar cuando la susodicha recibe una cuantiosa suma de dinero y, en lugar de usarla para abandonar la aldea, la emplea en dar una alegría a sus ya vecinos.

Este pequeño relato de Isak Dinesen, seudónimo de Karen Blixen, no es más que un recordatorio de que en nuestras monótonas y acomodadas vidas debemos valorar los pequeños detalles que se nos ofrecen, cobrando aún más sentido en estas aciagas fechas que nos ha tocado vivir. La felicidad no necesariamente se obtiene a través de bienes materiales, sino con la posibilidad de compartir lo poco que nos pertenece con las personas que queremos o con las que más lo necesitan. En este caso, ese regalo, ese ofrecimiento por parte de Babette de sus anhelados bienes a los habitantes de la aldea, es un enorme gesto de agradecimiento por su acogida durante tantos años. Acto que propiciará, igualmente, que los mismos vecinos se liberen de sus prejuicios, frustraciones y malentendidos, para ser, por fin, libres en todos los sentidos.

Mención aparte a esta maravillosa edición son las ilustraciones de Noemí Villamuza. Si la novela es hermosa, sus ilustraciones ayudan a incrementar esa sensación.